Según un cronista español, Garcilazo de la Vaga y Ayala,
Pizarro era un hombre de nobles y tiernos sentimientos, que disfrutaba cuidando
aves y jugando al ajedrez con Atawalpa durante su cautiverio en Cajamarca.
Incluso ambos idearon un plan para gobernar juntos el Tiwantinsuyo, ya que
reducidos los otros pretendientes al trono incaico, Pizarro contaba con armar a
los nativos con armas de acero y zarpar rumbo a una España endeudada y fragmentada
por las luchas dinásticas, apoderarse del trono y así cumplir su más añorado
sueño, cultivar opiáceos en los jardines del Escorial. El plan maestro se vio
frustrado ante la negativa de Rumiwavi, uno de los generales incas, que tras
perder ocho partidas de ajedrez consecutivas con Atawalpa, precipitó los
acontecimientos que llevaron a la muerte de este y su reemplazo por Manco Inca,
que perdía con mayor facilidad. Carlos V, alarmado ante las noticias de que existían
en sus dominios de ultramar súbditos que no pasaban hambre de manera crónica, temió
que los campesinos europeos se vieran contagiados de aquel modo de vida
primitivo y dejasen de pagar impuestos, con lo que decreto su inmediato
exterminio y evangelización, así como la discreta muerte de Pizarro y Cortez,
que lograron escapar y terminaron sus días en una alejada playa del Caribe con
Mirtha Legrand.-



